Reflexiones tóxicas.

Una opinión personal sobre la gente que escoge mal y que a la final pagamos los platos rotos por su incompetencia.

Después de mucho tiempo ausente de mis proyectos, de mis redes sociales decidí desconectarme por un momento y ahora puedo decir que he aclarado mi camino, que estoy más decidida de seguir con lo que tengo en mente. Sin más preámbulos aquí les dejo la primera entrada de mi blog del año. ¡Qué vergüenza!

Por un lado les vengo hablar de mi, ahora que he estado más ocupada que el putas patas recogiendo almas, les vengo a comentar que retomaré paulatinamente las actividades de los blogs y de la página web. Mi trabajo me ha comido la mayoría de tiempo, pero eso no es excusa para seguir lo que inicie desde hace ocho meses.

Dejare una breve reflexión sobre lo que consumimos, lo que tragamos entero y que a la final son verdades a medias.

Nosotros llevamos una vida de consumismo constante, ese momento que no nos satisface nada, ese momento donde dejamos que las cosas materiales nos identifiquen como seres humanos, propios en una sociedad, incluyentes en grupos determinados, cuando nos sentimos identificados por lo que traemos por fuera y dejamos a un lado lo esencial que nos caracteriza a todos sin importar de donde vengamos, nuestra alma.

Hasta donde ha llegado el consumismo y la misma publicidad que nos vende cada día cosas innecesarias, cosas que jamás utilizaremos, solo para generar negocio y tributo al “dios dinero”, seguramente en estos tiempos estamos presenciando una pérdida de nuestra identidad humana.

Por otro lado, aparte, el consumismo electrónico, toco el tema porque es sumamente necesario, nos vemos sumergidos en un mundo novelesco, en el cual detrás de un ordenador, una laptop o un dispositivo electrónico, nos creemos con el derecho de juzgar, de señalar y hasta de calumniar a nuestro prójimo, una y otra vez, estamos perdiendo nuestra identidad humana. Consumismo y poco criterio, dos defectos que se han vuelto prototipos generales de cualquier parroquiano de Internet.

Este capitalismo salvaje nos deja ver la peor faceta de nosotros, seres irracionales que desechan cada día mientras muere lentamente nuestro planeta, cuando nosotros vivimos una vida irreal en las redes sociales.

Que ha pasado con la socialización, ya no existe las charlas de café, ni la mirada fija hacia los ojos, ni las eternas tertulias literarias que nos hacían desvelar, vivimos un imaginario apocalíptico, digna de una película mediocre y paradójica, el idiota tomo el poder de opinión y si se le corrige, el emisor de dicha corrección resulta crucificado con blasfemias y eufemismos baratos. Ahí comienza el circo y la sátira ordinaria.

Hasta donde ha llegado la esencia humana que nos despreocupamos de los nuestros, de los seres vivientes, de nosotros mismos, el homo sapiens comienza a involucionar comienza a dejar sus deberes sociales y los cambia para reclamar derechos inexistentes y absurdos, el SOLO SOY YO se convirtió en el eslogan de campaña del individualismo, una voz cínica que retumba en las mentes más débiles y manejables; el insulto y el disfraz de jueces lo usamos a diario (eso le paso por puta, por malo, por drogadicto, se lo busco y de malas). ¿eso somos nosotros?, ¿una masa que solo se preocupa por ellos mismos y sigue en su hedonismo feroz sin voltear la cabeza al lado y ver el daño que causan con sus palabras?

Y para colmo se observa a la publicidad afirmando radicalmente estos estereotipos (si tu no compras esto, no eres de los nuestros; si tú no eres 90, 60, 90, aquí ni entres si tu no eres, no perteneces aquí).  Para muchos la publicidad se limita solamente a vender y vender y vender sin ninguna responsabilidad, sin ningún freno, el dicho de muchos profesionales en la materia: ¿toca vivir de algo no?

Vendemos por vender, los profesionales egresados quieren ganar más y entrar a una agencia súper cool, ¿para qué?, pues para poder ganar dinero y tener un retorno de inversión sobre su carrera, muchos aplican la ley el vivo vive del bobo entre otros artilugios perfectos que pueden aplicar en su vida profesional, no generalizo, muchos tenemos nuestra ética intacta, algunos por el contrario se ven obligados a permanecer en un puesto exigente, humillante y bajo para ganarse esos pesitos de demás que nos da para sobrevivir.

Llevamos una carga en nuestras espaldas enorme, somos comunicadores, aunque no hayamos estudiado propiamente comunicación social, comunicar también es inherente a nosotros, comunicamos con nuestras campañas, con nuestras piezas gráficas, con nuestras frases y dichos, comunicamos el comportamiento de una sociedad de cambio constante, vulnerable, sensible, inflamable, un solo mensaje puede convertirnos en los peores verdugos, dejar al ángel disfrazado de diablo.

Para eso propongo que dediquemos a ayudar a los que no tienen voz ni manos para comunicarse, comencemos a tomar una posición más empática, más humana, más consciente.

Este no es un artículo de autoayuda ni mucho menos quiero sonar autoritaria y radical en lo que presento, quiero que tengamos más responsabilidad con lo que consumimos, el materialismo no lo es todo en la vida, un celular, un televisor, es importante el dinero pero hay cosas que están más allá del alcance de la plata, seamos lógicos de lo que decimos, nosotros tenemos mucho por hacer y el cambio está en nosotros mismos, seamos conscientes de nuestras vidas y descubramos que el alma no se puede comprar con plata.

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